¿SOFTWARE LIBRE O BAJO LICENCIA?

Por

Lic. Luis Núñez Alfaro

Director VITALIT

15 Agosto 2009

 


Al hablar de tecnologías informáticas se podría decir que no hay solución única y perdurable. Y en estos días que se habla de una ley para que el llamado “software libre” sea el que se contrate a nivel de gobierno es definitivamente necesario hacer un llamado al  debate serio al respecto sobre cuáles son las verdaderas soluciones al problema que se busca resolver con ello.

Recuerdo en mi época de estudiante en la UCR cuando todos hablaban de software 3G como la gran solución a la lentitud en desarrollo de software y una cantidad de complicaciones que esa tarea tiene. Luego se pasó de “estaciones tontas” de trabajo al modelo “cliente-servidor”, luego a  aplicativos basados en web; ninguna de ellas al final fue “la solución”. Y así en este mundo informático cada vez que hay avances tecnológicos en algún área resulta que se descubren nuevas formas de hacer las cosas  y entonces surgen modas que llevan a las organizaciones a invertir millones para moverse a ellas para luego, pocos años después, hacer otros cambios una vez que son mejor entendidas sus consecuencias, dificultades, oportunidades  y costos. Viendo en retrospectiva más bien parece  que fueron etapas de una evolución que aún no termina.

Hoy día aún con Internet como tecnología innovadora y difundida mundialmente, hay empresas que buscan quitar las PCs y volver a las estaciones tontas, ¿por qué?; bueno porque tienen una cantidad importante de ventajas respecto de las PCs para cierto tipo de aplicaciones y organizaciones: más baratas, más controlables, más fáciles de administrar y más simples y baratas de implementar, entre otras.

Con el llamado “software libre” me parece que es igual. Es una moda impulsada por quienes tienen interés en vender el servicio y no las licencias de uso del software, o quizá por una falta de entendimiento del problema real.

Lo primero que debe decirse es que efectivamente no es ni libre ni gratuito. Para sacar un provecho real del “software libre” se debe contar con capacidad de gestionarlo o en su defecto, quedar atados a las mejoras que le pueda introducir una comunidad de creadores, constructores, que lo controlan y que muchas veces no se sabe quiénes son ni el respaldo que brindan, por lo tanto no se les puede reclamar fácilmente por calidad o defectos pues al final de cuentas “es libre” de usarse, sin embargo son esos aspectos muy importantes para la sociedad pero más para las instituciones y organizaciones públicas que lo adquieren.

El código como tal no tiene costo quizá, pero a lo largo del  tiempo el mantenerlo sí y mucho. El soporte o mantenimiento del software requiere un equipo de expertos y eso es caro, pero además se requiere un dominio del área de aplicación por parte de las personas involucradas sin lo cual es riesgoso meter mano al código fuente.

Con estas consideraciones es fácil ver que el “software libre” puede ser conveniente en unos casos y en otros no.

Qué compraría usted: ¿un carro de marca conocida con repuestos y mantenimiento visibles, o uno “más barato” que digan que es libre de uso?

Una empresa productora de software que se compromete seriamente con un producto para evolucionarlo y completarlo para satisfacción de los usuarios es una garantía. Y no todas las instituciones u organizaciones poseen o pueden tener un equipo de expertos en “software  libre”.

Se debe valorar desde distintos puntos de vista la conveniencia o no de adquirir una nueva tecnología y el “software libre” es una nueva tecnología. En ciertas áreas solo existe una opción o dos y son reconocidas inclusive como estándares de facto, como es el caso de Photoshop, por poner un ejemplo, el cual se adquiere bajo licencias.  Mientras tanto en otras áreas existen cientos de opciones como es hoy día el caso de los sistemas informáticos para llevar la contabilidad, lo cual hace poco atractivo por costo y oportunidad el meterse en desarrollar o adaptar un software de este tipo a no ser por manejos especiales en extremo específicos y no por el hecho de ser “libre”.

La implementación de “software libre” a la postre saldrá más caro que una licencia de software propietario. Pero más importante, en el tiempo cuando la organización vaya cambiando la adaptación de ese software va a requerir de alguien que lo haga y ese alguien puede que ya no exista. Es decir, meterse con “software libre” implica necesariamente un equipo especializado para darle el mantenimiento y crecimiento que la organización requiere. El software no solo es código, es conocimiento del área de aplicación y ahí no todas las organizaciones poseen personal con ese entendimiento y experiencia requeridos.

Recuerdo cuando empezaron a aparecer los lenguajes de programación para PCs, como  Pascal que fue uno muy famoso en nuestro país, o  Algol que es poco conocido pero muy utilizado para aplicativos que corrían en equipos del tipo mainframe y que se usó mucho en las universidades principalmente. Pero ¿qué pasó con esos lenguajes?, simplemente fueron desplazados por otros nuevos como .net, java o php. Hay decenas de lenguajes de programación hoy día, pero solo unos pocos se usan masivamente. ¿Se podrá estandarizar y llegar al punto de usar solo uno o dos lenguajes para construir todo tipo de software para el gobierno?  A lo mejor a alguien se le antojará una ley para que así sea.

Una ley que obligue a las instituciones a adquirir “software libre” en contra del beneficio real de un software bajo licencia es un atropello a la organización en su capacidad de tomar decisiones que signifiquen cumplir de manera efectiva con sus objetivos.  Por intentar “castigar” o controlar a ciertas empresas por sus contratos de licenciamiento, por las razones que fueran, se podría causar un daño de consecuencias peores para las instituciones. Le puede salir al  Estado ”más caro el caldo que los frijoles”.

Un enfoque más sabio a mi modo de ver es solicitar procedimientos más  serios y asociados a las necesidades de la organización, cosa que ya promueven las nuevas leyes de contratación administrativa y de control interno, entre otras. Esto aunado a un personal capacitado en los avances y tendencias tecnológicas creo que tendría un impacto más positivo y perdurable.

La tecnología informática cambia constantemente y a un ritmo vertiginoso, la ley en cambio lo hace muy lentamente. Es por ello que legislar para adoptar tecnologías específicas al calor del momento es muy riesgoso para el futuro del país. Es una decisión tan importante que merece todo el debate posible. Al final lo más probable es que ambas convivan naturalmente como hasta ahora.

Un elemento adicional muy importante que merece atención especial es que nuestro país tiene una fama bien merecida en la venta de software a nivel internacional y nacional, y recientemente también la venta de servicios informáticos se ha unido a este exitoso desempeño en exportaciones de las empresas TIC (Tecnologías de Información y Comunicación). La declaración de uso de “software libre” como la tecnología preferente para el gobierno definitivamente atenta de manera directa contra las empresas de software del país dedicadas a la invención de software para vender bajo licencias; lo cual podría significar la pérdida de muchos empleos.